miércoles, 23 de mayo de 2012

Placeres compartidos II


Me sentía devorado por una vorágine de impresiones excitantes y a la vez dolorosas. Esos tipos se estaban propasando contigo. Iván frotándose contra ti impúdicamente y tu dejándote hacer. De vez en cuando le apartabas y José se arrimaba por un costado, metiéndote mano a los pechos y besuqueándote el cuello y los labios. Tu, susurrándoles cosas al oído, mientras ellos reían y no dejaban de tocarte. José paso a frotarse tras de ti y Javier por delante. Disimulabais con un bailecito mientras yo estaba paralizado por la cascada de deseos lascivos que inevitablemente endurecían mi polla dentro de mis pantalones. Tu no dejabas de reirte y mover el culo.

Tuve que ir al baño, dejándoos allí a los tres. Mi imaginación iba a mil en esos instantes, asi como mi padecimiento. Cuando me quite los pantalones estaba mi polla húmeda y dura, apenas pude orinar. Mientras tanto esos tipos estarán deseando clavarte las suyas.

Cuando salí del baño, me encontré a José a mitad camino, que me dijo con desparpajo:

- Vaya, amigo. Ya veo que no eres un tipo celoso y que tienes una joya de mujer que confía mucho en ti. Y... es que está muy buena!. Mira, mira como Iván está disfrutando de ella, jajajaja

Continué hasta donde estaban, en un estado de hiperexcitación, que jamas en mi vida había sentido. Allí estabais, Iván y tú. Os estabais besando, tragando. En eso llegó José y dándote una palmadita en el culo dijo:

- ¿Por que no nos vamos a dar una vueltecilla, a tomar... el aire?

Nos dirigimos a la salida, tu les dijiste que tenias el coche cerca y que podíamos ir a la playa. Iván nos dijo que tenia un amigo que trabajaba en un café de la Malvarrosa, curiosamente yo también lo conocía, lo que me dio cierta tranquilidad con esta gente que apenas conocíamos.

- Bueno Ivan , tu vas delante con Juan, que M. esta borrachita y a lo mejor se marea un poco – le dijo José a su amigo, guiñándole un ojo.
 - Eh, eh... Pepito. Yo seré el que vaya detrás con ella. - le recriminó Iván, al darse cuenta de sus intenciones.
- Vale, no discutáis! que pasa?, que decida ella, no os parece? - les dije sintiéndome como si estuviera separando a dos gallitos peleándose por la gallina en celo.
- Muy bien, entonces conduces tú y, aunque vayamos apretaditos, que vengan ellos detrás conmigo. - me dijiste tratando de descubrir una renuncia en mi mirada.

Entrasteis los tres en tu cochecillo y nada más sentarme podía escuchar como os besuqueabais y os movíais. Buf, cuando me giré todo eran manos y cabezas sobre ti. En la oscuridad del coche brillaban tus ojos y tu sonrisa, estabas disfrutando. Yo no podría describir mis sentimientos en aquel momento, solo temía presente nuestro compromiso con el placer.

- ¡Que tetas más ricas, nena!
- Toda ella esta riquísima.

Arranqué y aunque me resultaba muy difícil conducir a la vez que escuchar vuestros chasquidos, palmadas, besuqueos, gemidos, chupeteos... marchamos hacia la playa. Por el retrovisor no se os veía, solo cuando paraba en algún semáforo podía girarme hacia vosotros.

Tu estabas con el vestido abierto y asomando tus tetas. Levantado el vestido y viéndose tu tanga blanca. Iván no paraba de lamerte toda. Mientras, José movía su mano dentro de tu tanga, mientras con la otra mano se estaba masturbando. En un momento, te levantaste del centro y te sentaste sobre Iván, mirando hacia la ventana trasera y con las piernas abiertas. Así te restregabas sobre el paquete de Iván. Éste mientras palmoteaba tu culo y José chupeteaba tus pezones acercándose más a vosotros..

- Nena, te gusta, eh? Menuda zorrita ! Te gusta notar un buen paquete, ¿verdad?. Ja ja ja, pues ya verás que rica cuando me la chupes. Seguro que eres de las que les gusta comer rabos. - dijo Iván

Sin perder un instante de rodillas en el asiento, le bajaste los pantalones y emergió su tranca. Empezaste a mamársela como una loquita. José, recreándose en lo que estabas haciendo, no hacia mas que preguntarle a su amigo que tal la chupabas, que eras toda una guarra, que si le gustaría tener una zorrita así para follársela a diario, etc... Mientras, José no hacia mas que meter sus gordinflones dedos dentro de tu tanga y chupetearte, ahora que te tenia a pedir de boca.

- Cariño, menudo banquete que te estas dando – te dije, sin soltar el volante y ya sin poder mirar atrás. Solo oí un “mmm” como señal de que si, supongo. Y sinceramente, yo también lo estaba saboreando, aunque de una forma bien distinta, nada despreciable. Sentirte manoseada y disfrutada sexualmente por otros hombres...

- Con las ganas que tenemos, va a hartarse de pollas, jajajajaja – reia vulgarmente José mientras babeaba y hurgaba en tu tanga blanco.

(continuará)

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