jueves, 10 de mayo de 2012

Placeres compartidos I


Adorada M., tu sabes muy bien cuanto me gustas, por tantas cosas. Además, físicamente para mi eres una tentación; y por lo visto, también para el resto de los hombres. Eres totalmente consciente de las pasiones que despiertas entre los hombres y siempre te gustó que te codiciaran y te devoraran con la mirada. Por eso en muchas ocasiones te encanta vestir de forma claramente provocativa, con minifaldas muy cortas, ropa ceñida y generosos escotes.

Allá a donde vayamos, los hombres no hacen más que mirarte lujuriosamente. Incluso se atreven a murmurar alguna obscenidad dirigida a ti. Seguro que más de uno se ha pajeado pensando en como te mueves o imaginándote como les chuparías la verga hasta correrse en tus tetas y en tu boca. Estoy seguro de que piensan cosas así por la forma de observarte. Ese tipo de cosas que se quedan después en la imaginación. Aunque, pude comprobar hace unas semanas que no siempre quedan simplemente dibujadas en la voluble fantasía de tus admiradores.
 
A mediados del mes pasado, salimos a tomar unas cervezas con unos compañeros de tu trabajo y como al día siguiente no trabajábamos ninguno de los dos, tras despedirnos de tus compañeros, nos quedamos más rato solos tu y yo. A eso de las 3 de la madrugada nos acercamos a un café que estaba abarrotado de gente. Tu vestías con una vestido azul ceñido y con transparencias muy provocativas. Incluso, tus oscuros pezones se evidenciaban bajo el vestido.

A nuestro lado, en la barra se encontraban dos chicos de unos 25 años. No paraban de reir, gesticular y hablar entre ellos. Como es fácil imaginar, desde que aparecimos a su lado, entre risas y bromas no te quitaban el ojo de encima. Tú, dándote cuenta de eso, me pediste que bailásemos, y aunque yo bailé bien poco, más bien me arrastraba al ritmo de la música, tu serpenteabas frente a mi y de espaldas a ellos. Sentías que eras el centro de atención de sus miradas y fuente de sus deseos. Eso te excitaba e impulsaba a bailar más libidinosamente. Al moverte y frotar tu cuerpo contra el mio tu vestido se subía hacia arriba tanto que se te veía un poco el culo. Los chicos debían estar a mil y sin duda tu estabas al tanto. Dejaste de bailar y me dijiste que ibas al baño. Entonces, yo me acerqué a la barra y me pedí una cerveza, los chicos aunque no estaban a mi lado se acercó uno de ellos y me dijo:

- Vaya chavala que tienes tío. Cuídala bien porque hay mucho buitre suelto.
 
-  Je, bueno ya es mayorcita para cuidarse, ¿no crees? - le contesté, sorprendido por su recomendación, cuando seguro que él se le hubiera tirado encima si hubiera estado sola.

- Hummmm, pero no te fies nunca de las mujeres, y menos cuando están en celo. Jajajaja... - me dijo riéndose el otro, fanfarroneando y acercándose mientras su mano rozaba levemente la cremallera de su pantalón.

Los tipos se llamaban Iván y José. Iván era más alto y José más rechoncho y vulgar. Se pidieron dos copas, pero no recuerdo bien de qué.

En ese momento apareciste. Me miraste con una sonrisilla pícara y al verme hablando con los dos chicos recordé de inmediato nuestro pacto de respeto mutuo y a su vez tus sueños más lascivos. Esos que me describías en nuestros momentos más íntimos e incluso yo para calentar más la caldera completaba con detalles estremecedoramente impúdicos. Tus sueños de puta promiscua con ganas de ser penetrada por varios machos a la vez.

Cuando te acercaste a nosotros, nos quedamos en silencio pero se sentían las chispas. Entonces, José preguntó:

- Eh, Juan! Preséntanos a tu chica.

Y fue la primera vez que te ví sonrojarte y, sinceramente, estabas preciosa. Aunque a la vez, me sentía como que te estaba entregando a ese par de tipos, como cordero que va al matadero. Te presenté y os besasteis en la mejilla. Era como... si aprobasen el rico manjar que yo les estaba ofreciendo. Y sin pensarlo, adivinando tus deseos y sintiéndome como un vendedor que muestra su mercancía y sus cualidades te dije:

- ¡M. venga, a bailar! No seas tímida.

Iván, pidió un mojito para ti. Mientras, bailabas delante de José y de mi, mirando fijamente a los ojos de José, con esa hipnótica mirada que conozco muy bien. De repente, José te agarro por la cintura, y sus manos se deslizaron hacia tus nalgas, a la vez se asomaba al escote de tu vestido con demasiado descaro. Eso me produjo una leve convulsión, algo como (me han quitado algo mio), pero a su vez me excitaba. Era  similar a lo que se siente cuando bajas por la montaña rusa, un cosquilleo paralizante.

- M. aquí tienes tu mojito - dijo Iván. Tu te zafaste de José y fuiste a la barra a por tu bebida y sin más, Iván te abrazó por la espalda y apretó contra la barra. Me preocupé un momento por la situación pero al ver como tu, en lugar de escapar, comenzaste a frotar tu culo contra su paquete . El seguía empujándote y con sus manos te tocaba el vientre por encima del vestido. Tu de vez en cuando te reías y bebías a sorbitos tu mojito. El te decía cosas la oído y tu te reías. Por la forma que tenias de inclinar el cuello, pude deducir que te estabas entregando a los caprichos de ese tipo. Mil sensaciones atravesaron mi cuerpo y ya no podía pensar, ¿A donde iba todo esto a parar? ... 

(continuará)

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