martes, 12 de abril de 2011

Sexo por poderes (III)

En este punto de la historia, bien podía dejarla aquí mismo y que cada cual pudiera culminarla como le dictara su criterio o su necesidad. De todos modos, continuaré con lo que ocurrió realmente, por satisfacer mi “necesidad” exhibicionista, ¿no? Aunque, creo que esa “necesidad” que la mayoría tenemos, no es sino el humano deseo de comunicarnos con los demás buscando respuestas y la aprobación o reprobación de nuestros actos.

Lunes, 19 horas, en casa. ¿Donde me he metido? ¿Realmente me apetece? Trabajo por la noche... ¿Cuando...? Llamo a Caroline.

- Hola, soy Juan. ¿que tal?

- Hola cielo. Bien, aqui arreglando unas cosas.

- Caroline, ayúdame porque no sé por donde empezar.

- Jajaja. Tranquilo, comprendo. Jajaja. Normalmente tengo libre de 6 de la tarde a 11. Si tengo turno de noche entro a las 12. Como tu trabajas a las 2 de la madrugada, puedes venir mañana por la tarde o si quieres venir hoy, nos tomamos algo y charlamos.

- Vale, pues... entonces iré a las 9, si te parece.

- Bien, aquí estaré. Besitos.

- Hasta luego.

Bien, siempre he sido bastante miedica con las citas y la verdad es que no tengo razones, aunque si un arraigado complejo limitante subconsciente. Y ya estoy intentando desconectar.

Tenía que comprar unas cosillas antes y de paso compré una botella de vino. Marché a casa de Caroline, que vive cerca del los Viveros.

- Alo?

- Hola, soy Juan, ¿me abres?

Es un edificio nuevo, muy cerca de los Jardines de Viveros. Posiblemente tenga buenas vistas a este lugar. Subo en el ascensor. Ella me recibe en el rellano de la escalera. Está preciosa con un vestido vaporoso de flores azules, los cabellos recogidos en una gruesa trenza y esa encantadora y seductora sonrisa. Envuelta en ese halo de erótico misterio que desde que la conocí laceraba profundamente las entrañas de mis instintos más primitivos y prohibidos.

- Hola, Juan. Pasa, pasa. - me dijo, sonriendo ¿burlonamente?

- Hola. Gracias. Toma, te he traído algo.

- Ah, no hacia falta que te molestaras.

- ¿Te gusta el vino tinto?

- Si, si ... Pero ¿aún no cenaste?

Y la conversación se escurría entre nosotros, y yo iba olvidándome de lo que estaba diciendo. Mi excitación anulaba mi conocimiento y ponía el piloto automático de conversaciones de entretenimiento. Mis bajas pasiones espoleaban mis instintos y aguzaba mis sentidos.

Mis manos se deslizaban sobre sus manos. Fueron ascendiendo por sus brazos dibujando ríos, lagos y nubes. Ella extendió sus brazos hacia mi y sus deliciosos labios se posaron sobre los mios. Mientras acariciaba su pelo y su espalda, su lengua serpenteaba dentro de mi boca. Una explosión de sensaciones se apoderaba de nosotros, abandonándonos al placer.

Mi boca se apresuraba a recorrer el paraíso de su piel, mis manos suavemente acariciaban sus pechos. En ocasiones, me detenía en valles tranquilos, saboreando cada centímetro de su piel. Y en manantiales donde fluía el néctar más dulce y preciado, bebía insaciable. Mi boca y mi lengua apuraban hasta la última gota.

Ella me mordisqueaba, jadeaba, chupaba, susurraba, lamía. Se movía como un felino y mientras caminaba a cuatro patas podía observar sus doradas nalgas, como si estuvieran finamente recubiertas de pan de oro. Me quería arañar si yo le perseguía, pero de un salto... zas! Ensarté mi falo en su complaciente coño.

(¿continuará?)

domingo, 3 de abril de 2011

Sexo por poderes (II)

Me he encontrado con situaciones raras pero ésta es una de las que más. Mi mente enfebrecida, por semejante propuesta de difícil digestión, trataba de encontrar una explicación a lo ocurrido y desembocó en una profunda e incluso dolorosa excitación sexual.

Domingo por la tarde, son las 5. El peso de las dudas lastraba mi decisión de ir a la cita. Mi instinto sexual fue el que al final me arrastró a la cafetería.

Llego a la hora convenida, elijo la mesa del fondo. Espero, tratando de conservar la calma. Y a las 5 y 14 minutos llegan Caroline y Alfredo. Ella lleva un vestido azul con minifalda, los tirantes cruzados por delante realzando sus preciosos pechos y los hombros descubiertos. El cabello rubio dorado, largo y suelto. Sus ojos azul claro, grandes y una sonrisa dulce y encantadora. Realmente no me lo esperaba.

Nos presentamos, sentamos y pedimos té con limón para Caroline, café americano para Alfredo y yo un café corto. Estuvimos charlando de otras cosas, como el tiempo, los cafés, el trabajo, etc... temas intrascendentes, seguramente para observarnos. Las miradas, los gestos, los movimientos de los labios, hablaban de otros temas.

- Juan, escucha! - me dijo Alfredo, mirándome a los ojos.

- Ah, dime, dime, disculpa... estaba... - respondí un tanto desubicado, atontado!... si.

- Vamos a ver, ¿ya tomaste tu decisión?. No te comprometes a nada. Unicamente, me gustaría estar informado, saber de vosotros. Quisiera que todo fuera bien entre vosotros. Yo confío en Caroline y ella en mí. Sólo y exclusivamente disfrute sexual y nunca cuando yo esté presente. ¿Estas de acuerdo? ¿Aceptas? - me dijo Alfredo, ya sin más.

- Pero... ¿cuanto va a durar esto? ¿he de ir a vivir con ella o al revés?... - pregunté

- Va a durar, semanas, meses o hasta cuando te canses o te digamos los dos y no tienes que ir a vivir con ella. Solo cuando ella quiera tener sexo, claro siempre ajustando a vuestros horarios. - dijo Alfredo.

- Pues, en un principio... - dudaba, pero... por otro lado había algo que me espoleaba desde adentro.

- Vale, acepto. Si. - respondí sin pensar ya más.

Alfredo cogió la mano de Caroline y la puso sobre la mía. Era algo así como un matrimonio. Me sentí como eso de (yo os declaro marido y mujer). A continuación me salió de dentro darle un "casto" beso a la novia y ella también a mi. Ella sacó una tarjeta de su bolso y me la dió. Me dijo que le llamase mañana a las 7 de la tarde, si me venía bien. Y así quedó. Me despedí de Alfredo con un apretón de manos y de Caroline con un hasta mañana.

Aun me pregunto ¿como tomar todo esto? ¿me han tomado por un gigoló? ¿merece la pena probar una experiencia nueva? Sé que mi instinto me dice que hay que disfrutar cualquier ocasión que se presente. Y en esta ocasión, dejaré mi mente de vacaciones y escucharé a mi instinto y mi corazón.


(continuará)