martes, 14 de junio de 2011

Viaje en autobús

Hace unos días, estuve conversando con mi querida M. sobre ciertas "prácticas sexuales" repudiadas por mucha gente. Tratando de razonar sobre ellas, llegamos a la conclusión de que no hay otros condicionantes que cuestiones morales sin fundamento real. El miedo, que ciertas religiones inculcaron en la naturaleza humana, es el causante de nuestra autorrepresión hacia dichas prácticas y en general, a nuestra libertad.

Un par de veces al mes suelo viajar en autobús. Aunque estos viajes duran tres horas, la mayoría de las veces se me hacen cortos. Escucho música o la radio, dormito, medito... En esta ocasión, fue distinto y también se me hizo muy corto el viaje.

Tras la primera hora de viaje, suben en uno de los pueblos varias personas. Entre las cuales sube unas alemanas, madre e hija. La madre tendría unos 50 años, se sentó en el asiento de delante. Y su hija, unos 25, se sentó en los asientos de mi derecha, al otro lado del pasillo.

En las siguientes paradas, fueron bajando más pasajeros. Y poco a poco, el autobús quedó prácticamente vacío. En los asientos de la derecha del pasillo, una mujer en la cuarta fila por detrás de la chica alemana y un matrimonio mayor tres filas de asientos por detrás mío. Cuatro filas de asientos por delante alguna persona más, pero pocos. Creo que eso fué lo que me sedujo a la ensoñación y fantasía. Aunque tenía delante a su madre, quedé observando a la chica alemana que tenia a mi derecha y como el sol que entraba por su ventana acariciaba su sedosa piel. De vez en cuando, la madre le decía algo y ella respondía desde su asiento (por eso supe que eran alemanas, claro).

En un principio, traté de disimular que estaba observándole; pero, ella se tuvo que dar cuenta, aunque ella también trataba de no demostrarlo. Todo ello atrapaba mi imaginación y encendía mis deseos más libidinosos con tanta fuerza como mi erección y sus pezones bajo su camiseta.

Ella, haciéndose la dormida colocaba su botellita de agua entre las piernas. Yo, ocultando mi mano sobre mi pantalón bajo el sueter que me cubría. Ella, sutilmente frotando esa botella entre sus piernas. Yo, liberando la tensión de la cremallera permitiendo que mi miembro se deslizase entre mis manos. Ella, se volteó de costado y hacía mi, doblando una pierna sobre el asiento y abriéndolas distraídamente y con los ojos cerrados.

Todo ello, me invitaba a una pasión lujuriosa y desenfrenada. Y de momento, iba a hacer algo que nunca antes hice, con gran excitación y temeroso por lo que pudiera ocurrir. Me decidí porque ella mantenía los ojos cerrados. Subiendo el sueter, dejé emergir a la superficie, cual periscopio, mi erecta verga. Y ella, se volteó un poco y me temo que pudo ver aquello que y también deseaba. Su respuesta fue que comenzó, siempre con disimulo, a acariciarse los pezones a través de la camiseta. Yo también acariciaba aquello que tenia entre manos y que ella podía observar.

Ibamos a pasar por el último túnel, antes de llegar a mi destino, y unos segundos antes de entrar en él, ella se levanto la camiseta, siempre con los ojos cerrados, y me mostró sus tetas preciosas. Entonces, yo me quité totalmente el sueter que me cubría y entramos en el túnel.

Realmente, fue un placer disfrutar del sexo así. Llámame exhibicionista, si quieres... pero ¿tu que hubieras hecho?

Besos.


sábado, 4 de junio de 2011

Carta a M. (última)

Hola querida M:

Nuestro mundo es una dimensión desconocida e incomprendida por el resto de humanos, o quizás sólo de la gran mayoría de ellos. Las personas que se han relacionado con nosotros han sido, desgraciadamente para ellas, simples compañeros de viaje que elaboraron arcaicos y repulsivos conceptos sobre nosotros. Claro, no sin antes obtener sus "viles y mundanos beneficios", como dirían ellos.

Adorada M., ¿cual fue nuestro pecado para crear en el resto tal intolerancia? Creo que sencillamente actúamos tan libremente como respetuosamente ante los demás. Algunos lo calificaron de obsceno tras saborear las mieles de la lujuria, otros de inhumano tras realizar actos impropios de nuestra especie, la mayoría de antinatural cuando fueron tan naturales ellos mismos al realizarlos.

Romper los tabúes o creencias limitantes ha sido la mayor traba del hombre. A lo largo de la historia han ido calando profundamente en el alma humana; impulsados por los poderosos del momento, sometiendo al hombre a sus intereses. Siendo conocedores de la psicología humana y del devastador efecto que produce el miedo.

Tu bien sabes que complacer tus deseos es mi mayor anhelo; puesto que, tu placer, egoístamente es también el mío. A veces, hemos ardido en el fuego embravecido de la pasión, otras nos hemos sumergido en sensaciones tan profundas como dolorosamente placenteras. Pero, siempre nuestra nave llega a buen puerto. La satisfacción enriquece nuestra felicidad para engrandecer nuestra alma.

Me alegro de haberte conocido, disfrutar y caminar juntos por la senda que muy pocos quisieron recorrer.

Besos, M.

Juan.

martes, 12 de abril de 2011

Sexo por poderes (III)

En este punto de la historia, bien podía dejarla aquí mismo y que cada cual pudiera culminarla como le dictara su criterio o su necesidad. De todos modos, continuaré con lo que ocurrió realmente, por satisfacer mi “necesidad” exhibicionista, ¿no? Aunque, creo que esa “necesidad” que la mayoría tenemos, no es sino el humano deseo de comunicarnos con los demás buscando respuestas y la aprobación o reprobación de nuestros actos.

Lunes, 19 horas, en casa. ¿Donde me he metido? ¿Realmente me apetece? Trabajo por la noche... ¿Cuando...? Llamo a Caroline.

- Hola, soy Juan. ¿que tal?

- Hola cielo. Bien, aqui arreglando unas cosas.

- Caroline, ayúdame porque no sé por donde empezar.

- Jajaja. Tranquilo, comprendo. Jajaja. Normalmente tengo libre de 6 de la tarde a 11. Si tengo turno de noche entro a las 12. Como tu trabajas a las 2 de la madrugada, puedes venir mañana por la tarde o si quieres venir hoy, nos tomamos algo y charlamos.

- Vale, pues... entonces iré a las 9, si te parece.

- Bien, aquí estaré. Besitos.

- Hasta luego.

Bien, siempre he sido bastante miedica con las citas y la verdad es que no tengo razones, aunque si un arraigado complejo limitante subconsciente. Y ya estoy intentando desconectar.

Tenía que comprar unas cosillas antes y de paso compré una botella de vino. Marché a casa de Caroline, que vive cerca del los Viveros.

- Alo?

- Hola, soy Juan, ¿me abres?

Es un edificio nuevo, muy cerca de los Jardines de Viveros. Posiblemente tenga buenas vistas a este lugar. Subo en el ascensor. Ella me recibe en el rellano de la escalera. Está preciosa con un vestido vaporoso de flores azules, los cabellos recogidos en una gruesa trenza y esa encantadora y seductora sonrisa. Envuelta en ese halo de erótico misterio que desde que la conocí laceraba profundamente las entrañas de mis instintos más primitivos y prohibidos.

- Hola, Juan. Pasa, pasa. - me dijo, sonriendo ¿burlonamente?

- Hola. Gracias. Toma, te he traído algo.

- Ah, no hacia falta que te molestaras.

- ¿Te gusta el vino tinto?

- Si, si ... Pero ¿aún no cenaste?

Y la conversación se escurría entre nosotros, y yo iba olvidándome de lo que estaba diciendo. Mi excitación anulaba mi conocimiento y ponía el piloto automático de conversaciones de entretenimiento. Mis bajas pasiones espoleaban mis instintos y aguzaba mis sentidos.

Mis manos se deslizaban sobre sus manos. Fueron ascendiendo por sus brazos dibujando ríos, lagos y nubes. Ella extendió sus brazos hacia mi y sus deliciosos labios se posaron sobre los mios. Mientras acariciaba su pelo y su espalda, su lengua serpenteaba dentro de mi boca. Una explosión de sensaciones se apoderaba de nosotros, abandonándonos al placer.

Mi boca se apresuraba a recorrer el paraíso de su piel, mis manos suavemente acariciaban sus pechos. En ocasiones, me detenía en valles tranquilos, saboreando cada centímetro de su piel. Y en manantiales donde fluía el néctar más dulce y preciado, bebía insaciable. Mi boca y mi lengua apuraban hasta la última gota.

Ella me mordisqueaba, jadeaba, chupaba, susurraba, lamía. Se movía como un felino y mientras caminaba a cuatro patas podía observar sus doradas nalgas, como si estuvieran finamente recubiertas de pan de oro. Me quería arañar si yo le perseguía, pero de un salto... zas! Ensarté mi falo en su complaciente coño.

(¿continuará?)

domingo, 3 de abril de 2011

Sexo por poderes (II)

Me he encontrado con situaciones raras pero ésta es una de las que más. Mi mente enfebrecida, por semejante propuesta de difícil digestión, trataba de encontrar una explicación a lo ocurrido y desembocó en una profunda e incluso dolorosa excitación sexual.

Domingo por la tarde, son las 5. El peso de las dudas lastraba mi decisión de ir a la cita. Mi instinto sexual fue el que al final me arrastró a la cafetería.

Llego a la hora convenida, elijo la mesa del fondo. Espero, tratando de conservar la calma. Y a las 5 y 14 minutos llegan Caroline y Alfredo. Ella lleva un vestido azul con minifalda, los tirantes cruzados por delante realzando sus preciosos pechos y los hombros descubiertos. El cabello rubio dorado, largo y suelto. Sus ojos azul claro, grandes y una sonrisa dulce y encantadora. Realmente no me lo esperaba.

Nos presentamos, sentamos y pedimos té con limón para Caroline, café americano para Alfredo y yo un café corto. Estuvimos charlando de otras cosas, como el tiempo, los cafés, el trabajo, etc... temas intrascendentes, seguramente para observarnos. Las miradas, los gestos, los movimientos de los labios, hablaban de otros temas.

- Juan, escucha! - me dijo Alfredo, mirándome a los ojos.

- Ah, dime, dime, disculpa... estaba... - respondí un tanto desubicado, atontado!... si.

- Vamos a ver, ¿ya tomaste tu decisión?. No te comprometes a nada. Unicamente, me gustaría estar informado, saber de vosotros. Quisiera que todo fuera bien entre vosotros. Yo confío en Caroline y ella en mí. Sólo y exclusivamente disfrute sexual y nunca cuando yo esté presente. ¿Estas de acuerdo? ¿Aceptas? - me dijo Alfredo, ya sin más.

- Pero... ¿cuanto va a durar esto? ¿he de ir a vivir con ella o al revés?... - pregunté

- Va a durar, semanas, meses o hasta cuando te canses o te digamos los dos y no tienes que ir a vivir con ella. Solo cuando ella quiera tener sexo, claro siempre ajustando a vuestros horarios. - dijo Alfredo.

- Pues, en un principio... - dudaba, pero... por otro lado había algo que me espoleaba desde adentro.

- Vale, acepto. Si. - respondí sin pensar ya más.

Alfredo cogió la mano de Caroline y la puso sobre la mía. Era algo así como un matrimonio. Me sentí como eso de (yo os declaro marido y mujer). A continuación me salió de dentro darle un "casto" beso a la novia y ella también a mi. Ella sacó una tarjeta de su bolso y me la dió. Me dijo que le llamase mañana a las 7 de la tarde, si me venía bien. Y así quedó. Me despedí de Alfredo con un apretón de manos y de Caroline con un hasta mañana.

Aun me pregunto ¿como tomar todo esto? ¿me han tomado por un gigoló? ¿merece la pena probar una experiencia nueva? Sé que mi instinto me dice que hay que disfrutar cualquier ocasión que se presente. Y en esta ocasión, dejaré mi mente de vacaciones y escucharé a mi instinto y mi corazón.


(continuará)

miércoles, 30 de marzo de 2011

Sexo por poderes (I)

Hola, de nuevo. Tras un largo período en el que he recorrido, casi semanalmente, cerca de 200 kilómetros. Mi alma ha degustado cientos de sensaciones. He vivido historias confesables e inconfesables. Vuelvo para compartir dichas experiencias, sufrirlas o disfrutarlas contigo.

Sexo por poderes


¿Conoces los llamados matrimonios por poderes? Se celebra cuando dos personas quieren casarse pero por cuestiones varias se encuentran cada uno en lugares distintos y no pueden estar los dos presentes en el momento de la celebración del mismo. Así de esta manera podrán casarse gracias a "un poder notarial" que sustituye la presencia física del que está lejos. En el poder se determinará la persona con quien ha de celebrarse el matrimonio.

Te explico esto para que comprendas mejor lo que me ocurrió hace unos meses.

Un fin de semana, por motivos familiares, estuve en Benidorm y fui a tomar ese sábado por la tarde café a un bar. Una céntrica cafetería que yo frecuentaba cuando residía en ese turistico lugar. Mientras estaba saboreando dicho amargo y cálido bebedizo, percibí que un tipo de unos cincuenta años, trajeado, alto, moreno y con bigote poblado no dejaba de observarme. Aunque resultaba un tanto incomoda su mirada, traté de concentrarme en tomarme el café y olvidar al bigotudo. Cuando me dirigí a pagar, el tipo me abordó antes de llegar a caja.

- Hola, disculpa, podría hablar contigo unos minutos. - me susurró, un tanto agitado.
- Bueno... - respondí, imaginando cualquiera de las intenciones de aquel hombre.
- ¿Puedo invitarte? ¿Quieres otro café? - me dijo más tranquilo.
- Bien, gracias, pero tengo un poco de prisa. - le dije, tratando de escapar en cualquier momento.

Mil suposiciones desfilaron por mi mente. Este tipo... ¿me querrá tirar los tejos?, ¿venderme alguna enciclopedia o cafetera?, ¿intentará estafarme?, ¿robarme?,.... ufff. Cualquier cosa imaginé menos lo que iba a proponerme.

- Mira, primero me presentaré. Me llamo Alfredo y trabajo en una sala de fiestas que hay aquí cerca. Es posible que lo que vaya a proponerte sea un tanto extraño, pero es algo que ya hice cuando estaba viviendo mi mujer en Holanda y yo trabajaba en Suiza.

Pensé, bueno, este tipo está casado. No sé muy bien de que va este asunto, pero... ya me está picando tremendamente la curiosidad. Nos sirven dos cafés y continúo escuchando a Alfredo.

- Primero, me gustaría preguntarte algo, si quieres responderme. He observado que tu coche tiene matricula de Valencia. ¿Vives en la ciudad de Valencia?
- Mmm... sí. - respondí, y que observador este tipo con lo de la matrícula, vuelven mis dudas sobre la estafa. Aunque no pierdo nada diciéndole esto, sin concretar.
- Vale, entonces voy a confiarte algo. Mi esposa, Caroline, en este momento vive en Valencia. Caroline y yo, somos una pareja muy activa sexualmente, y aunque por motivos de trabajo y por poco tiempo estaremos separados, debido a que ella vive allí y yo aquí en Benidorm, nos gustaría seguir manteniendo relaciones sexuales.
- Ya, claro. - le dije, aparentando normalidad, aunque ya estaba empezando a pensar que este tipo desvariaba.
- Lo que te quiero proponer es lo que llamamos “sexo por poderes”...
- ¿Como? ... Continúa, por favor. - continúo sospechando lo de la estafa u otras aberraciones... no sé. Este tipo parece serio y correcto...
- Te explico. Cuando nos separamos, por primera vez, por motivos de trabajo, no conocíamos esto del “sexo por poderes” y tanto ella, como yo mantuvimos relaciones sexuales con otras personas y en cierta medida nos fuimos infieles. Después lo pasamos mal y nuestra relación estuvo a punto de irse al traste.
- Si, o sea, ¿no sabíais con quien se relacionaba el otro? ¿lo hacíais a espaldas del otro?. - le pregunté.
- Exacto, por eso. Nos gusta mucho el sexo, no podemos pasar ni un solo día sin este placer. Pero, en cambio, nos amamos y si estuviéramos juntos lo disfrutaríamos diariamente. Entonces, llegamos a un acuerdo de que si nos separábamos de nuevo, cada uno elegiría a la “pareja sexual por poderes” del otro, algo así como el representante de cada uno. Éste, practicaría sexo sin compromisos, en exclusiva con el otro y de esa forma permaneceríamos fieles “a distancia” el uno al otro, mientras durara nuestra separación

- Ah, ya entiendo. Pero, ¿yo?, ¿por qué me elegiste a mi?, ...mmm.. - estaba hecho un lío aunque ya había comprendido el asunto, que situación más morbosa y extraña.
- Jejeje. Si quieres que te sea sincero, no lo sé. Tenía que haber ido a Valencia para buscar allí. Pero ví matricula de Valencia y me dije “aquí llega mi representante”. Aunque, tu eres libre de aceptar. Y aún tienes que conocer a Caroline, que vendrá mañana para buscar y elegir a su representante.
- Uf, disculpa Alfredo, estoy hecho un lío. Es un tanto comprometedor lo que me propones. No sé si aceptar aún. ¿Y si no estoy a la altura? ¿Y si no le gusto a ella?... - me estaba sumiendo en un mar de dudas mientras Alfredo apuraba su café.
- Tu verás, si quieres conocer a Caroline, mañana a las 6 en este mismo lugar. - se dirigió al camarero, le dio 10 euros, mientras mi mente no sabía por donde tirar.
- Bien, así quedamos... - le dije, balbuceante.
- Encantado de conocerte,... - me tendió su mano, muy correcto y sonriente.
- Juan, me llamo Juan. Disculpa. Encantado, si. Gracias por el café. - estrechando su mano y despidiéndome de él. Del tipo que quería que me acostase con su mujer en su lugar, ua!

....
(continuará)