viernes, 15 de enero de 2010

Tranquilidad

Él pensaba que ese día nunca llegaría, siempre albergó esperanzas dentro de su amargura. Que su sonrisa le volviera a hacer vibrar, como durante aquel lejano verano en la playa. Que un beso suyo volviera a cruzarse en su camino. Que todas aquellas preguntas quedaran respondidas fundidos en un abrazo. Después de intentar que su ausencia no fuera tan dolorosa buscó en el desierto durante un tiempo, pero solo encontró serpientes y soledad. Vender el alma fué más sencillo de lo que parecía. Como un frágil sueño, que luego olvidas. Y luego el frío, como la muerte, como la nada. Y esa felicidad extraña, que invade el cuerpo, como una droga, como un sutil veneno. Rompiéndose en mil pedazos el pasado con sus recuerdos. Desapareciendo todo: sus preocupaciones, sus deseos, sus sueños. Era como una parálisis irreversible, de todas las emociones y sentimientos. La mejor forma de seguir viviendo con el alma extirpada para no gozar ni sufrir, a cambio de una aparente tranquilidad.


"El triste que se despide
de plazer e de folgura
se despide;
pues que su triste ventura
lo despide
de vos, linda creatura.

Del que tal licencia pide
havet, señora, amargura,
pues la pide
con desesperación pura,
e non pide
vida, mas muerte segura."

Canción del Marqués de Santillana

3 comentarios:

  1. Creo que nadie puede extirpar las emociones y sentimientos de forma permanente, tal vez darles un pequeño respiro, un alivio momentáneo que no deja de ser engañoso.

    Un beso grande.

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  2. Tienes un premio en mi blog, espero que te guste.

    Besos.

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  3. Ana:

    Quizás ser demasiado sincero puede llevarle a uno a el fin.

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