miércoles, 27 de enero de 2010

Fuego en el cuerpo

Deseabas conocer el "secreto de los alquimistas" y sabías que yo podía ayudarte. Yo te deseaba y tu sabías que podías ayudarme.

Hacía tiempo yo te imaginaba, pero jamás pensé que fueras tal como te sentí. Tu piel suave como la seda, tus labios con sabor a fresa, tan acogedora, cálida, lúbrica, serpenteante y provocadora como siempre. Todas tus cualidades hacían tan difícil y placentero dicho trabajo.

Mientras dibujabas con la punta de tus cabellos secretos inconfesables sobre mi pecho, yo descubría tus senos generosos que se balanceaban ante mí. Sólo una mirada tuya bastó para saber cuando estabas dispuesta para dicha tarea, justo a tiempo para que mis deseos no se consumieran en un fuego devastador. Al ritmo del palmoteo de mi vientre contra tus nalgas mientras te penetraba. Primero rápidamente, después poco a poco más lenta y profundamente como tus suspiros. Hasta el final, sin final, durante toda la noche, con sus horas, minutos, segundos, y cada metro que recorre la luna en el firmamento con sus constelaciones.

Hasta la próxima.

Besos.

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