domingo, 8 de noviembre de 2009

Caminando desiertos

Salgo sin razón ni destino, con angustia de noches vacías y suspiros sin sueños.

El sol de otoño que hiere la retina y el frío que acuchilla el alma invitan al viento a recorrer las callejuelas del pueblo. El viento golpea las ventanas y arranca las hojas muertas, que terminan arremolinándose en los rincones escondiendo recuerdos y sonrisas de noches cálidas.

Mis pasos apagan el silencio de las calles y mi mente urde deseos imposibles con los fantasmas del recuerdo.

Y al final de nuevo me encuentro solo, con un café en el desierto.

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