miércoles, 26 de agosto de 2009

El demonio de la mente

Cuando mis sentimientos afloran, cuando deseos e ilusiones tratan de abrirse paso hacia el mundo de lo físico, de lo realizable, intento no pensar demasiado. Sé que todo ese castillo de naipes se puede venir abajo en cualquier momento, incluso antes de haber comenzado. Por eso la lógica siempre me produjo angustia y una gran preocupación.

Es el demonio de la mente
el que sabe cuando te mienten y te lo dice,
el que sospecha, calibra, sopesa, compara,
el que urde traiciones, el que maneja los hilos,
el que te demuestra lo estúpido y patético que eres,
el que planea tu futuro y te recuerda el pasado,
el que dice: Nunca debiste llamar, nunca debiste mirar...
y luego te demuestra que estuvo en lo cierto.

No encuentro el pensar puro, el elevado... quizás no exista, solo sea una patraña más de este demonio que atenaza mis sentidos.

5 comentarios:

  1. "... ahora me daba cuenta de que tenía que elegir entre los dos. Mis dos naturalezas tenían la memoria en común, pero todas las demás facultades estaban desigualmente compartidas entre ambas. Jekill (que era compuesto), ahora con las más sensibles aprensiones, ahora con un ansioso placer, proyectaba y compartía los placeres y aventuras de Hyde; pero Jekyll le resultaba indiferente a Hyde, o más bien lo recordaba como el bandido de la montaña recuerda la cueva en la cual se oculta de las persecuciones. Jekyll sentía un interés paterno; Hyde albergaba más la indiferencia de un hijo. Decantarme hacia Jekyll suponía renunciar a aquellos apetitos a los que durante tanto tiempo llevaba dedicándome y convertirme, de golpe y para siempre, en alguien desdeñado y sin amigos. El trato parecía desigual; pero todavía había otra consideración en la balanza; porque mientras Jekyll sufriría en los fuegos de la abstinencia, Hyde ni siquiera sería consciente de todo lo que había perdido. Por extrañas que fueran las circunstancias, los términos de este debate eran tan viejos y comunes como el hombre; buena parte de esas mismas tentaciones y alarmas son las que arrojan los dados para cualquier tembloroso pecador tentado; y me ocurrió lo mismo que les ocurre a la inmensa mayoría de mis semejantes, que elegí la mejor parte, y descubrí que me faltaban las fuerzas para mantener mi elección.
    Sí, preferí al viejo y descontento doctor, rodeado por amigos y acariciando honestas esperanzas; y di un decidido adiós a la libertad, a la relativa juventud, al paso ligero, al pulso firme y a los secretos placeres de los que había disfrutado bajo el disfraz de Hyde...
    pero el tiempo no tardó en borrar la intensidad de mi alarma; las alabanzas de mi conciencia empezaron a crecer y volverse asunto de rutina; empecé a sentirme torturado por angustias y anhelos, como si Hyde estuviera luchando por su libertad; y finalmente, en un momento de debilidad moral, preparé y bebí de nuevo la droga transformadora..."

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  2. Muy interesante... Pero, me encantaría conocer a tu Mr. Hyde.

    Besos.

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  3. Creo que está hibernando... en reposo, aletargado y no te diría expectante,
    pues apenas le escucho. También necesita la droga transformadora y de momento el buen doctor le tiene a raya. Ahora no nos sirve... que duerma, ya despertará cuando tenga que hacerlo. Quizás entonces te de un toque, o estas líneas que escriba tengan otro tono, una ligera diferencia que puedas notar, el mounstro que sale de las palabras, incluso de la pantalla para devorar, destruir y masticar todo lo que tenga a su paso. Espero que al buen doctor le de tiempo de avisarte; por si acaso, estate* preparado. *(perdon, pregunta: ¿existe esta palabra?, o hace tiempo que no la escribo o me verla escrita me suena rarísimo)

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  4. Me encanto tu publicacion, es muy cierto todo lo que dices sobre la mente, a la cual deberiamos hacerle caso mas a menudo. Sobretodo en cuanto al amor se refiere, a veces nuestra mente nos dice una cosa y nuestro corazon otra, ¿a cual le harias tu mas caso?. Un saludo.

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  5. Gracias. Bueno, realmente tendríamos que hacer más caso al corazón, él nunca miente. Lo que siente el corazón es puro, cristalino, aunque no tiene explicación, ni tan siquiera razón de ser. Pero es algo así como un reflejo sobre la superficie del agua, cuando quieres atraparla se deshace.

    Yo, personalmente, no lo puedo conseguir facilmente, pero si pudieramos poner al servicio de nuestros deseos a nuestra mente sería maravilloso. Es dificil porque desde el momento que comenzamos a razonar todo deseo va desvirtuándose rn la medida que vamos cuestionándonos su razón de ser.

    Besos.

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